La investigación, el desarrollo y la innovación son cruciales para el crecimiento económico de cualquier país. En la era en la que vivimos, donde la ciencia y la tecnología avanzan cada vez más rápido y sus resultados suponen beneficios en forma de nuevos conocimientos, productos o servicios es muy importante que las empresas aprovechen esta oportunidad que se les ofrece y apuesten por incrementar su inversión en I+D+i. 

Tradicionalmente los países nórdicos, como Suecia, Dinamarca o Alemania, considerados líderes en innovación en Europa, han tenido siempre una fuerte inversión tanto pública como privada en I+D. Incluso en época de crisis económica, cuando no han dejado de incrementar el gasto en I+D apostando por la innovación como un medio para aumentar su productividad científica y tecnológica. De hecho los países cuyo modelo económico está más ligado por una apuesta en I+D+i son los que mejor resisten las consecuencias de una crisis económica. Los países que tienen más facilidad para hacer negocios y tienen un mejor sistema de educación, tienden a beneficiarse más de su propio esfuerzo realizado en I+D y de su propia formación de capital humano.

El gasto en I+D español es principalmente llevado a cabo por el sector empresarial, seguido de las universidades y el sector público. Es importante que las empresas cuenten con un departamento de I+D que les ayude a posicionarse y ser más competitivos en su sector. Sin embargo, el mayor responsable del déficit español en materia de I+D es precisamente el sector empresarial, de las siete décimas del PIB que nos separan de la media europea, seis décimas son debido a este sector.

Uno de los retos de España es la inversión empresarial y la capacidad de innovación de sus empresas. Esto se ve reflejado en el gasto en I+D, las empresas españolas tienen una cultura más conservadora que innovadora y han estado más interesados en buscar incentivos fiscales que le beneficien en el corto plazo, que preocupados por innovar en nuevos productos o procesos en los que sus frutos se percibirían a medio o largo plazo.

Otro hándicap que encontramos en España es la distribución de las empresas por tamaño, tan solo el 0,2% del total de empresas españolas corresponde a grandes empresas (Febrero 2018), el resto son PYMES (6%), microempresas (39,8%) y autónomos (54%) (Cifras Pyme, Febrero 2018). Por lo general, tanto en España como en otros países, las empresas grandes tienen un gasto más elevado en I+D que el gasto realizado por las PYMES. Las empresas pequeñas carecen de garantías reales que den confianza a las entidades de crédito para que puedan financiar sus proyectos de inversión, y este es uno de los principales motivos por el cual las PYMES tienen menor acceso a la financiación en comparación con las grandes empresas.

Uno de los obstáculos que impide a las empresas innovar, es el acceso a la financiación externa. Las entidades de préstamo, públicas o privadas, se someten a un riesgo importante prestando su capital a las empresas innovadoras ya que hay una alta probabilidad de que el proyecto no tenga el éxito que se esperaba o que la inversión realizada no tenga un retorno a corto plazo, en la mayoría de los casos el retorno económico de los fondos es a largo plazo.

Todas estas trabas que las instituciones públicas o financieras ponen al sector privado para realizar sus proyectos en materia de innovación, ya sea por la incertidumbre que estos proyectos suelen tener (sobre todo en el caso de las PYMES), o por un alto coste de implementación de la tecnología dentro de la empresa (en grandes empresas y PYMES), hace que nos estemos quedando atrás con respecto a nuestros vecinos de Europa y resto del mundo.

Evolución y competitividad

Aunque la inversión en nueva tecnología o en una reingeniería de procesos por sí sola no bastaría para incrementar la productividad de estas empresas. La causa principal por la que las pequeñas empresas no innovan tanto en España como en el resto del mundo es por el rechazo al cambio tanto del pequeño empresario como de sus trabajadores. Por lo tanto deberíamos de empezar cambiando la forma de emprender, siendo conscientes de que si queremos evolucionar y ser más competitivos, no podemos seguir produciendo de la misma forma que lo hacían nuestras generaciones pasadas, sino buscar nuevas oportunidades en nuestros mercados, haciendo uso de la transformación digital, implementando formación a los empleados y haciéndoles partícipes de este cambio.

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